Mis manos
Mis manos tristes te piensan,
Mis manos vacías te abrazan,
Mis manos sufrientes lloran por ti.
Por no poder alegrar tus ojitos de niña, de hija y
mujer.
Por no darte lo que quiero y que tú necesitas.
Aquello que todo ser debe tener,
Aquello que te hace ser feliz y estar bien,
Sin temores y angustias.
Mis manos tristes acarician tu
mirada perdida,
Tu mirada llena de ilusiones,
Tu mirada llena de temores y
angustias.
Tus penas congelan mis manos,
las petrifican,
Sin
poder retener la esperanza,
Estos, tus pensamientos que se
diluyen en mis dedos.
Y que se pierden en la tristeza
del alma,
En la profundidad de mis ojos y
los de tu madre,
Llenos de voces desconsoladas,
De horas sin dormir,
Sin conciliar un sueño bonito,
Donde todos seamos felices
Y haya espacio para que la
sonrisa vuelva a vivir
Y acaricie nuestra existencia,
Donde tu voz alegre
Vuelva a alumbrar la vida cuando
me llamas,
Cuando me nombras.
Mis manos dolientes no pueden retener tu voz,
Suave y dulce aroma de mis entrañas y recuerdos.
Tu voz llena de esperanzas,
De necesidades del alma,
De poder jugar, de poder salir, viajar
Y ver la realidad del mundo con ilusión.
Tus manos suaves se extienden
Clamando por lo que no tienes y
debo proveerte.
Aquello que no puedo darte
Y que tú no puedes alcanzar.
Tus manos gritan,
Y conmueven mi realidad humana.
Esta conciencia llena de palabras,
De vacíos y soledades.
De largos caminos pensados,
Llorando sin saber qué hacer.
Y tus manos llenas de vida
Se encuentra con las mías,
Estas manos temblorosas por lo
años,
Llenas de recuerdos, de marcas,
de dolores y trabajos,
Llenas de historias, llenas de
tu vida.
Llenas del día que te conocí,
Del día que te vi nacer,
Que te cargue por primera vez
Y acaricie tus pequeñas manos frescas
y llenas de ilusiones
Mías y tuyas,
Llenas de esperanzas, de sueños
por un mañana bonito.
Al encuentro de tus manos
Las mías se
revisten de esperanza
Y esconden el llanto
Para no dejarme sucumbir ante ti,
Y poder decirte que aquí estoy,
Que cuentes conmigo,
Que estas manos antiguas y cansadas,
Siempre están abiertas para recibirte,
Para darte calor
Para calmar tú llanto y hacerlo
mío,
Y que en ti siempre viva la
alegría.
Mis manos están prestas para
defenderte,
Para luchar por ti,
Para arrancar de las entrañas
de la tierra
La sabia que te alimenta.
Ellas siempre están abiertas
para sostenerte,
Para ayudarte a levantar,
Para abrazarte,
Para secar de tu frente la
tristeza
Y el llanto que te pueda hacer
sufrir.
Y es que, estas mis manos,
Aun que no te den nada
Sufren por ti,
Se alegran contigo
Y duermen a tu lado para protegerte.
Porque eres mi vida,
Mi esencia,
Lo que aun me mantiene vivo,
Lo que no me deja hundir en las sombras,
Pues en ellas descansará
Hasta el fin de los tiempos
Mi último halo de vida para dártelo a ti,
Para que sientas que
a pesar de todo
En el mundo hay espacio para la felicidad.
Y para que estos ojos cansados de mi vida,
En sus últimos momentos
Sigan viendo la luz de tu presencia,
Tu sonrisa suave que reconforta mis días tristes,
Tu palabra que anima mi existencia
Y me acompañará
Como suave susurro hasta los confines del tiempo.
Silvino Ramírez