Se lo cargó el viento, pero no se lo llevó.
Entre la realidad y la ficción. De lo mágico maravilloso de la existencia.
Dedicado a mí Hermano a mi Madre, Hermanas,
y a la memoria de mi Padre: a su espíritu que nos acompaña y protege.
SRP septiembre2021.
Se lo cargó el viento, pero no se lo llevó.
A golpe de once llegue, con el sol sobre los hombros y el viento helado del páramo revoloteando el camino. Desde lejos vi al curandero y… de donde iba le grite.
Vine a traerle las aguas pa’ que las vea, pa´ que me diga que tiene, y aquí estoy llegando pa’ que le mande algo pa’l sueño, ahí le cuento, esperece, déjeme que llegue a la sombra y le diga. Y es que la subida y el calor en el cuerpo se juntaron pa’ no dejarme andar rápido, y ese frio del camino que tranca el pecho me hacen toser, pero aquí estoy.
Había salido con las primeras pintas del sol de la mañana, de allá de San Onofre, donde vivimos, donde estamos criando los muchachos. Al primer canto de los gallos estaba listo pa’ el camino. Y ahí me vine con un trago de café en mis tripas y dos arepas de trigo que Millita hizo. Se paró temprano pa’ amasar y soplar el fogón donde se cuece la existencia.
Mis alpargatas ceñidas al sinto y... colgada al hombro la talega con las arepas me vine. Y en un frasco las aguas pa'l Mojan, pa’l que cura, pa` que le mande algo pa´ la tos ,pa`esa trancazon de pecho que no la deja dormir. Esta fue la carga en la travesía hasta el alto del páramo. Allá donde se une el cielo con la tierra, en el misterio de las lagunas, donde los curanderos viven, donde aprenden pa’ poder saber lo que nos pasa.
Pa’ los viejos, pa los Taitas estos son los que curan, los que saben. Según se cuenta, tienen pacto con los Checes, aquellos que viven en las lagunas, esos espíritus que salen en tiempos de lluvia, de nubarrones. Ellos les enseñaron a curar, a ver, a volar, según se cuenta. Y por eso vine a ver qué me dice, qué le manda y que se cure.
Mis pies en la tierra fría, acostumbrados al camino, a las piedras, al roció que deja la madrugada, se hundieron en el camino. Al avanzar el día, en esas horas tan secas, la poca humedad se la tragaba la tierra al calentar el sol y mis pies descalzos y entierrados se volvian amarillentos, fuertes y ásperos, con los duros cayos que deja el camino y la faena diaria y que parece que no los siento ya de tanto andar.
La travesía se hizo larga y el sol me alcanzó a mediados de camino, caía sobre mis hombros y,… fue así que a un lado,en la travesía, en un zaguán me senté a pasar el hastio. Y ahí, estragado por el hambre y el soponcio del calor, espere por un rato antes de comer. El café aguarapado y tibio de sol, me ayudó a pasar las arepas dulzonas que guardaba en la alforja.
Después seguí…, hasta ahora que estoy llegando, a donde venía, pa’ que me vea las aguas de Millita.
Desde lejos lo vi, al curioso. Con un sombrero pequeño y negro, recostado sobre el estantillo del corredor de la casona grisácea a orillas del camino, ahí estaba don Celedon. Ahí lo vi, lo oí hablarme.
Pase pa’ lante paisita, pase...qué lo trae por ahí, con ese solazo que quema la cara y las costillas al andar,...Como que los caniculares están fuerte este año. Venga, venga pa’ la sombra. Refrésquese aquí, que el viento del filo quita el calor aliviando el alma, pase y descanse las canillas maltratadas por la subida,… pase, pase.
Apreté los pies y pasé cansado al corredor, en la orilla me senté y sacudí mis pies empolvados, desaté las alpargatas y me las puse antes de entrar, como me enseñaron. El camino de tierra las rompe rápido y es al llegar a otra casa, al cemento o asfalto que uno se las pone, así duran más y la suela no se pone tan dura o tiesa como un cacho viejo.
Me senté en la banca de madera, ahí donde se sienta uno antes de que le vean las aguas, ahí esperamos cuando hay más paisanos. Hoy no vino nadie o no han llegado, así será más rápido pa’ volver a la aldea, pa´ que no me agarre la noche por ahí. Y es que bajando es más rápido y el deseo de volver, acorta el camino y pone los pies ligeros.
Hace tiempo no lo aguaitaba por acá, dijo don Celedon…. hace tiempo que no sé de su merced. Si… desde aquel día que ’l muchacho se lo cargó el viento pero no se lo llevó. Jaaa…. se lo cargaron los Checes paisita. Que trajín pasaron paisita, según dijeron. Pero cuénteme, venga pa’ que hablemos, que yo sólo sé de oídas, porque me contaron los que van y vienen.
Si... son cosas que le pasan a uno….que…, no sabemos por qué. Dije… Y si... fue un día de apuros, buscando al muchacho... de no saber qué hacer o pensar. Pero a lo que vine, aquí están las aguas, pa´ que las vea, y mientras ahí le digo.
Ya las veo que pa´ eso estamos, es temprano y de buen tiempo, así conversamos, no siempre nos encontramos con gente de buen hablar, preguntones como usted o yo, para escucharnos las penas, los trajines del diario vivir, lo que nos pasa y que si no lo hablamos pareciera que nunca fue o pasó.
Están muy amarillas las aguas, pero no se ve que esté mal, con dos recetas se pondrá buena otra vez. Con remedios y alimentos se compone. Pero cuénteme…, cuénteme lo que pasó con su muchacho.
Bueno.., bueno si así le parece pues será, escúcheme nomas. Fue por aquel tiempo de la siembra, por la mañana, yo estaba barbechando, salí temprano. Todos quedaron durmiendo cuando me fui. Me dijeron que fue después del desayuno de ellos, porque yo como temprano, casi cuando el gallo hace sus segundos cantidos del día, antes que el sol empezara a aclarar los montes y zaguanes.
En la casa, la puerta quedó entreabierta, balanceándose con la brisa del filo y el muchacho salió jugando, corriendo, con una vara en la mano golpeando la tierra, rastrillándola por los patios entierrados de la casa. Eso me dijeron, que lo escucharon correr de un lado a otro, lo oían desde adentro, y al rato no lo sintieron más, sólo se escuchaba el viento silbar entre los tejados y el cacareo de los pollos desenterrando lombrices en el huerto.
Busquen a José que no lo siento, llámenlo que entre, que deje de hurgar con esa rama la tierra y que se lave la cara curtida de tierra y cenizas…, vaya Rosario, vaya.
Y la muchacha fue, lo llamó, lo buscó, recorrió el corredor y los alrededores con su mirada, pero nada, no estaba.
Aquí no está, no lo veo mamá, seguro que se fue p´arriba, escapa`o pa`que no lo manden.
Y así comenzó todo, el muchacho no aparecía. Y cuando bajó Hernán, si… el hijo de compadre Chano, le pidieron que fuera a casa de Vitoriano, su abuelo, pues se suele ir pa´ allá.
Allá debe estar pensaron. Pero no fue así mijito. Él no subió esa mañana.
Y así la angustia les vino al pecho, lo buscaron por los alrededores, por las orillas del camino, en las casas cercanas. Hasta la aldea de San Pedro subieron a preguntar. Por los barbechos, por los filos del camino y despeñaderos se acercaron a ver si se había caído o rodado, pero nada.
Yo supe más tarde, Hernán fue a avisarme. Recuerdo que estaba sembrando cuando vi venir a Hernán, venía como azorado, haciéndome señas con las manos y gritando, no le podía entender hasta que estuvo más cerca, cuando sus jadeos por la carrera dejaban entender lo que decía.
Que Visita se perdió, que vaya, que no lo encuentran, que corra pa´la casa pa´ver que hacer.
Y ahí fue que salí corriendo del barbecho. A mitad de éste quedaron las semillas, los aperos de trabajo, sólo corrimos pa´la casa. Era lejos de donde estaba. El susto nos hizo llegar más rápido. Y seguimos buscando al muchacho,...toda la mañana estuvimos preguntando por las casas, a los arrieros y a quienes encontrábamos de camino. Unos a pie otras en bestias hasta el ríos, el que llaman río negro, que queda bien lejos, hasta allá fuimos a dar… y nada. Sin saber qué hacer estuvimos un rato, pero seguíamos buscando, volviendo a los lugares a registrar. Nos mirábamos sin decir nada, con la angustia puesta en los ojos y a flor de piel.
Toda la mañana buscándolo, sin encontrar nada, sin saber nada, con la confianza en Dios todopoderoso y en la virgencita santa para que no nos desampare y que aparezca nomas.
Mis pies no se cansaban de andar, pero Dios no nos desamparó. Si… como agolpe de tres de la tarde, por allá por los desfiladeros de San Onofre. Por donde están las matas de mageys, esas que tienen unas pencas largas y grandes que tiene cubiertos sus filos de espinas encorvadas. En un claro, como en una pequeña era o círculo surcado por estas matas, se oía sonar una rama que golpeaba el piso y un tararear de niño.
Lo encontró mi ahijado Carmelo, venía de regresó en un caballo rucio, de buen paso que él mismo amansó. Subía del río por donde estuvo buscando por largo tiempo. Llegando al desfiladero, allá donde están los mageys, escuchó el ruido y el balbuceo de aquel canto.
Se acercó a la peña y ahí lo vio, sobre un montículo, metido en el claro de las matas, sentado golpeando o rayando la tierra con la vara.
Fue un alivio pa´Carmelo, en ese momento. Así que la búsqueda no fue en vano…. Bajó del caballo y se acercó al montículo donde estaban los mageys, para sacar al niño. A como pudo logró llegar al centro de los mageys. Lo tomó entre sus manos y con cuidado y esfuerzo salieron de esas espinosas matas. Lo subió al anca del caballo y lo revisó a ver si estaba aporreado o rasguñado, pero el niño estaba bien, no tenía nada, estaba cantando y con su rama en la mano, que seguía agitando, como regando agua bendita como hacen los curas por semana santa.
A lo lejos lo vimos venir, venía galopando. Abrazando al niño con una mano y con la otra batía el sombrero y apretaba las riendas del caballo. Lo escuchamos decir… apareció Visita apareció…
Fue un respiro ese momento, todos nos alegramos, lloramos, nos reíamos. No sabíamos qué pasó, cómo se fue tan lejos de la casa, y menos aun cómo llegó hasta esas matas sin lastimarse, sin que le pasara nada. Dios y la virgen lo protegieron…. Y así fue... don Celedon lo que vivimos con José….
Ya don Celedon había mirado las aguas. Mientras le contaba. Las había levantado varias veces, las batía y las miraba trasluciéndolas de cara al sol mientras oía.
Luego Dijo. Ella no tiene nada, son sólo males pasajeros, con bebedizos y buen comer mejora. Hágale lo que le mando para que vea que se alivia. Y lo de su hijo, le cuento que es un misterio. O algo que no todos entienden.
Y dijo don Celedon. Así fue el caso del hombre que se le perdió su hija. Eso hace tiempo. El señor aquel que vivía más allá del pueblo. No sé si ha oído hablar de eso, pero se lo cuento.
Fue en tiempos de invierno, la niña se perdió. El padre y la gente la buscaron por todas partes, dos días pasaron en esto, sin encontrarla, recorrieron los caminos, los caseríos cercanos... Adónde no fueron para encontrarla… pero nada. A los dos días el padre sin saber qué hacer, sin esperanza, camino hasta el otro lado del pueblo, subió hasta la casa del curioso, allá donde nuestro taitas iban a recetarse… Y le consultó si él le podía decir algo u orientar dónde más buscar.
El curioso, escuchó al hombre atentamente y después de pensar, de hacer silencio, de meditar por un rato le dijo.
A su hija se la llevó la laguna. Los espíritus. La laguna la mato, si ustedes no la hubieran buscado tanto, estaría viva. A ella se la llevaron los Checes, iba a ser una gran curandera, una gran médica. Pero como ustedes la buscaron, la laguna la mato. Vaya, camine hasta después que pase su casa. Por el camino que va hacia el páramo, vaya hasta la laguna de las lajas, que su hija está en la orilla.
Cuentan… que el hombre desconsolado bajó caminado, cruzo el pueblo, subió hasta el páramo y llegando a orillas de la laguna encontró el cuerpode su niña.
Esto pasó. A ella se la llevaron los espíritus para formarla, pero no pudo regresar.
Así es paisano, esas cosas pasan, dijo don Celedon.Tal vez su hijo iba a ser un gran medio, no se sabe. Pero mejor que a pareció, que está con ustedes, que está bien, que Dios lo protegió…
Y aquí está su encargo, hágale la receta pa´ que vea como se cura. Y váyase antes de que la tarde avance y no pueda seguir hasta la aldea.
Al salir me entregó unas ramas y unos frascos de jarabe. En un pedazo de papel arrugado y color tierra, de esos de las bolsas que traen la harina, me escribió algo.... Léalo pa´que sepa que va`hacer...Me dijo.
Cuando llegue veo, le dije, y ceñí mis alpargatas al sinto… y eche a andar camino de la casa. Y me fui pensando en lo que dijo...Se lo cargo el viento pero no se lo llevó. Y así mis pasos ligeros se confundieron entre el viento y el camino entierrado y solar. Y mis pasos regresaron sobre él cargados de historias y recuerdos.
Entre la realidad y la ficción. De lo mágico maravilloso de la existencia.
Dedicado a mí Hermano a mi Madre, Hermanas ya la memoria de mi Padre: a su espíritu que nos acompaña y protege.
SRP septiembre2021.
