viernes, 1 de julio de 2022


Sentarse a escribir la propia historia o escuchar
la historia de los viejitos, de nuestros padres o abuelos, es una terapia que
toda persona debería hacer. Sentarse a escuchar la historia de los que nos
dieron la vida, de los que nos criaron, es una terapia para ellos y para
nosotros. Es un espacio sanador y reconciliador con la propia historia. Es ir
más allá del propio espacio vital. Es trascender a lo sublime, para entendernos
y pa entender a los otros, en definitiva para hacernos más humanos. Es, no sólo
renovar nuestras células, nuestras neuronas, es encontrarnos siendo más
humanos, sensible con la vida misma.

Taller virtual sobre biografías  autobiografías. Un Espacio para reconciliarnos con la vida misma.  Interesados: Solicitar Información a través del  responzocara@gmail.com

Espacio limitado de 10 participantes por grupo.

sábado, 18 de diciembre de 2021

Navidad 2021


 

Nacimiento infinito y ancestral de la existencia

Árbol sagrado de la vida

Verbo creador de los múltiples mundos y seres

Infinita conciencia que muere y renace a cada instante

Dadora de la inteligencia y la inocencia necesaria

Apartando la arrogancia de los sabias y la sombra de los necios,

Despertando en cada amanecer la infinita luz y energía vital.

 

Este árbol sagrado de la vida,

de los mundos,

que hunde sus raíces en las historias vividas,

en las conciencias enterradas,

en los pensamientos florecidos,

que se abren al infinito

de cara a la vida, al sol que nace de lo alto,

que renueva el hombre, sus reinos

y da la energía vital a cada miembro de la existencia

para recrear el cosmos en cada momento.

 

Montaña sagrada, Autana  mítica

de los que llegaron primero a estas tierras,

de los Caribes, Piaroas  o Timotes,

nacidos de tus sombras,

de sus entrañas benditas.

 

Árbol sagrado de la vida,

Moriche bendito que nos sostiene,

que abriga y alimenta la existencia misma.

 

Puñito  de díctamo real bendito,

suspiro de la existencia de aquella montaña nublosa,

la de Caribay, la de las cinco águilas de los timotes

o de los reinos se Chía y Zuhe

que devuelve el alma al cuerpo cada amanecer.

 

Araguaney profunda del alma llanera venezolana,

que bajo sus rayos de sol hacemos nacer los sueños,

la libertad necesaria de este pueblo,

de estos hijos de su tierra, de sus frutos,

de una historia ancestral,

escondida en las curiaras, en los shabonos,

en los fogones

o en cada capullo de tu ser que alfombra nuestra vida

con tus rayos benditos de sol.

 

Roble sagrado de los nórdicos,

madero míticos de los mundos,

de ese viaje humano entre la sombra y la luz.

milpa sagrada de los mayas que formo al primero de los hombres

Árbol sagrado de la vida,

Árbol del conocimiento del bien y del mal

plantados en el Edén del primer día de esta existencia bendita

de esta existencia oscura,

de esta existencia que en cada momento fenece y renace,

de esta vida dual, que lucha por ser luminosa,

por ser la estrella, el rayo, fuego,

o lámpara que pugna por brillar más allá del confín de los tiempos.

 

Árbol de la vida, de cada cultura

y ser que busca la trascendencia,

la luz, la armonía con el universo.

Ese símbolo, ese arquetipo de todas las conciencias e historias,

propiedad de todos y de nadie,

esperanza infinita de la vida,

que sigue creyendo,

que sigue andando,

surcando los caminos,

llevando al ser a la luz infinita de la conciencia plena

del amor sin frontera

de esa luz que llega a todos,

de esa sabía que alimenta eternamente la existencia

para que la vida

se remonte más allá del solsticio invernal

sin olvidar lo que fuimos, somos y seremos.

 

Sin perder el horizonte,

ese camino constante al conocimiento,

a la liberación, a la armonía y al amor

que nos da el reconocernos

como seres y hermanos del universo.

 

SRP. Navidad 2021

   

 

Que en esta navidad el Dios que nace de lo alto renueve nuestra existencia y la de cada ser. Que la esperanza de una vida bonita sea nuestra bandera y horizonte, donde la lucha por la existencia no se detenga jamás y que las sombras de la enfermedad, la pobreza y el desamor sean vencidas por los brotes infinitos del árbol de la vida, la justicia y el amor. 

SRP. Navidad 2021



viernes, 1 de octubre de 2021

Cuentos de Camino 2021 SRP

Cuentos de Camino. SRP 2021

 

 

Buscando la esperanza de una existencia bonita…
 
    Ya vamos llegando, un poco más y llegamos,… detrás de la cuestica está la casa. Esta la tierra donde nací y donde siempre quiero venir. Donde deje mis sueños, esos que todos tenemos de jóvenes y que los compartí con  su madre. Esos de tener la tierrita, de sembrarla y criarlos a ustedes.

    Salimos temprano de Ejido, a golpe de diez de la mañana. De ahí se sale pa` los pueblos del Sur, de ese pueblito Viejo que mi padre no olvida y que tanto recuerda. Ese pedazo de tierra donde dejó sus querencias y que parece que lo llama, que lo convoca a sus páramos, a sus barbechos donde el trigo  de su infancia lo vieron crecer y partir a otros lares.

    Desde muy temprano, los carros que van pa` la Aldea esperan a los viajeros a las puertas del mercado. Ahí van apilando la carga, los sacos repletos de azúcar, de harina, de confitería para los negocios, de loza, de eso que por allá no se hace y que los dueños de los carros llevan por encargo, llenando con éstos cada espacio. Hasta en el techo y el parachoque van prensadas las maletas, los bultos, las bombonas de gas o hasta cualquier animal; gallinas, pavos o chivos que le pidieron por encargo.

    A veces uno tiene que ir encima de los bultos, de la carga e incluso,  en ocasiones…, de ida o vuelta…, le  toca a uno ayudar a llevar un pollo o cualquier paquete. Así vamos o venimos y… ese olor a tierra que nos deja el camino o el de la mercancía que le llena a uno todo el cuerpo. Esto es más, cuando uno viene del pueblo y los otros traen café o queso ahumado. Todo lo agarra uno, la ropa se llena de ese aroma… Total, lo importante es irse para el pueblo. Y así viene o va uno amorochado, montado sobre la carga, pegando la cabeza con el techo del carro y escuchando las canciones de Antonio Aguilar por esas carreteras empolvadas y empinadas que le dan la sensación de que el carro se va a voltear en los desfiladeros.
 
    Ya de camino, los que vamos, los viajeros y el  mismo chofer nos tratamos como familia, como si hubiéramos vivido juntos por algún tiempo.  

        Pa` llegar, son como cuatro o cinco horas de camino para la Aldea, sin parar, claro si todos vamos pa`l mismo sitio…, que no siempre es así. Pues el carro va llevando o dejando a cada viajero en un lugar distinto y por eso el tiempo se hace más largo.

Así fue hoy, ya paramos cuatro veces y faltamos nosotros que somos los que venimos por quedarnos.

    Primero fue donde la viejita Sista.  Jaaa…, que señora tan conversona, primero  su rosario y después todo el cuento de sus gallinas  y los chivos que comieron su hortaliza…, nos trajo tan entretenidos y divertidos mientras subíamos que uno no se duerme o aburre porque todos  dicen o cuentan algo pa` pasar el susto del camino.

    Tardamos bastante cuando la dejamos y fue que Sista se empeñó en brindarnos café a todos. Ya venía con la pena que se le botó el café en el carro. Si… el que traía en el termo pa` brindarnos con la arepa. Si... de camino nos dio arepas que había traído de avió pa`l camino, pero faltó el café que al salto de  las ruedas del carro en una curva salió del termo al rodar entre las piernas y los bultos.

    Recuerdo que dijo cuando la dejamos.

    No se van a ir sin el café…  Y así fue... Mientras  bajaban las maletas de Sista, ella corrió sobre el patio empolvado a la cocina, al fogón y sacó una tinaja humeante y unos pocillos de peltre azulados y desconchados.

    Tomen Café, dijo, eso a mí nunca me falta en el fogón. Y después se van… Recuerdo que nos dijo a todos… Cuando quieran vengan y se quedan y así me acompañan y  así hablamos… que por acá  no hay mucho con quien hablar.

    Después dejamos a Marcelo, el señor de las gallinas, el que cría pollos criollos pa` vender en Ejido. Por eso traía esas gallinas, ahí con la patas amarradas y que de cuando en cuando aleteaban como queriendo librarse de estar  en esa caja huequeada,  ahí sobre los bultos.  Recuerdo que dijo…
    
    Déjeme allá donde están los burros,… y ahí bajo a las gallinas y el maíz.

    Tienen que salir para bajar la carga, son esos dos bultos sobre los que ustedes van montados. Dijo…. Viendo a mi padre y a mí…. Bájense y así estiran el cuerpo y me ayudan a subir la carga a los burros que ya están tostados de sol, de tanto esperarme, parece que los dejaron desde temprano.
    
    Lugo seguimos, dejando atrás al arriero con sus bestias y gallinas. Más arriba se quedaron dos más, la muchacha de los dulces, esa, la que no paró de comer dulce en todo el camino, la que no decía nada, que se reía mucho con los cuentos de las gallinas se Sista. Y el otro que se quedó fue el señor de las tazas, el que trae platos pa` vender y que venía medio rasca’ o, el que preguntaba y preguntaba una y otra vez por lo que decían.

    Prepárese que ya llegamos,… Dijo mi padre… Es ahí, donde están los estantillos,   donde se ve ese maíz quemado por el frío y el sol, más allacito está la casa  del compadre,  ahí nos vamos a quedar… prepárese…
 
    Y ahí bajamos, con las maletas, con el viejo cuatro de mi padre, su violín y su botella de callejonero, ese licor que tanto le gusta y que había comprado antes de salir de Ejido. Mientras veníamos nos brindó a todos, nos decía, un trago hace falta, nos da valor para emprender el camino y se le quita el miedo a uno pa` hablar.

    Hasta luego primos, dijo José, el chofer y vayan por la casa y nos visitan, así nos coordinamos pa`l retorno.

    Maletas al hombro, nuestros pasos fueron a dar allá… donde vive el compadre, ese pedazo de  tierra donde mi padre y mi madre nacieron y que juntos sembraron y soñaron.

    Y llegamos ahí… a ese corredor de los recuerdos, donde descansa la vida cada atardecer, donde  nace cada mañana, donde se seca el grano, el alimento del alma y del espíritu. Donde los sueños descansan en el silencio de los viejos aleros.

    Y ahí nos sentamos a contarnos las tristeza, las alegrías y en definitiva, donde nos sentamos a ver la tierra que nos dio la vida, la casa que nos cobijó y el camino que silencioso y triste guarda nuestra pasos esperando que estos se renueven, el día que nuestra existencia retorne a la tierra de siempre, a esta tierra que nos vio nacer.

    Y aquí nos quedamos viéndonos, pensándonos, escuchando a lo lejos las viejas campanas de la aldea.  

    Sólo el silencio se rompió cuando escuché decir a mi padre…
     

    No hay como la tierra de uno, esa que se nos metió en la sangre, en los huesos y que ya no olvidamos…, mientras templaba las cuerdas del violín para entonar   las canciones de siempre, de aquellas que en ese pueblo, en esa tierra quedaron untadas o grabadas en cada rincón donde sus pasos transitaron buscando la esperanza de una existencia bonita…




Silvino R.P. 2021

 
 

   


lunes, 6 de septiembre de 2021

Se lo cargó el viento,‭ ‬pero no se lo llevó.

 


Se lo cargó el viento, pero no se lo llevó.

Entre la realidad y la ficción. De lo mágico maravilloso de la existencia.

Dedicado a mí Hermano a mi Madre, Hermanas,

y a la memoria de mi Padre: a su espíritu que nos acompaña y protege.

SRP septiembre2021.

 

Se lo cargó el viento, pero no se lo llevó.

A golpe de once llegue, con el sol sobre los hombros y el viento helado del páramo revoloteando el camino. Desde lejos vi al curandero y de donde iba le grite.

    Vine a traerle las aguas pa que las vea, pa´ que me diga que tiene, y aquí estoy llegando pa que le mande algo pal sueño, ahí le cuento, esperece, déjeme que llegue a la sombra y le diga. Y es que la subida y el calor en el cuerpo se juntaron pa  no dejarme andar rápido, y ese frio del camino que tranca el pecho me hacen toser, pero aquí estoy.

    Había salido con las primeras pintas del sol de la mañana, de allá de San Onofre, donde vivimos, donde estamos criando los muchachos. Al primer canto de los gallos estaba listo pa el camino. Y ahí me vine con un trago de café en mis tripas y dos arepas de trigo que Millita hizo. Se paró temprano paamasar y soplar el fogón donde se cuece la existencia.

    Mis alpargatas ceñidas al sinto y... colgada al hombro la talega con las arepas me vine. Y en un frasco las aguas pa'l Mojan, pal que cura, pa` que le mande algo pa´ la tos ,pa`esa trancazon de pecho que no la deja dormir.     Esta fue la carga en la travesía hasta el alto del páramo. Allá donde se une el cielo con la tierra, en el misterio de las lagunas, donde los curanderos viven, donde aprenden pa poder saber lo que nos pasa.

    Pa los viejos, pa los Taitas estos son los que curan, los que saben. Según se cuenta, tienen pacto con los Checes, aquellos que viven en las lagunas, esos espíritus que salen en tiempos de lluvia, de nubarrones. Ellos les enseñaron a curar, a ver, a volar, según se cuenta. Y por eso vine a ver qué me dice, qué le manda y que se cure.

    Mis pies en la tierra fría, acostumbrados al camino, a las piedras, al roció que deja la madrugada, se hundieron en el camino. Al avanzar el día, en esas horas tan secas, la poca humedad se la  tragaba la tierra al calentar el sol y mis pies descalzos y entierrados se volvian amarillentos, fuertes y ásperos, con los duros cayos que  deja el camino y la faena diaria y que parece que no los siento ya de tanto andar.

    La travesía se hizo larga y el sol me alcanzó a mediados de camino, caía sobre mis hombros y, fue así que a un lado,en la travesía, en un zaguán me senté a pasar el hastio. Y ahí, estragado por el hambre y el soponcio del calor, espere por un rato antes de comer. El café aguarapado y tibio de sol, me ayudó a pasar las arepas dulzonas que guardaba en la alforja.

    Después seguí, hasta ahora que estoy llegando, a donde venía, pa que me vea las aguas de Millita.

    Desde lejos lo vi, al curioso. Con un sombrero pequeño y negro, recostado sobre el estantillo del corredor de la casona grisácea a orillas del camino, ahí estaba don Celedon. Ahí lo vi, lo oí hablarme.

    Pase palante paisita, pase...qué lo trae por ahí, con ese solazo que quema la cara y las costillas al andar,...Como que los caniculares están fuerte este año. Venga, venga pa la sombra. Refrésquese aquí, que el viento del filo quita el calor aliviando el alma, pase y descanse las canillas maltratadas por la subida, pase, pase.

Apreté los pies y pasé cansado al corredor, en la orilla me senté y sacudí mis pies empolvados, desaté las alpargatas y me las puse antes de entrar, como me enseñaron. El camino de tierra las rompe rápido y es al llegar a otra casa, al cemento o asfalto  que uno se las pone,  así duran más y la suela no se pone tan dura o tiesa como un cacho viejo.

    Me senté en la banca de madera, ahí donde se sienta uno antes de que le vean las aguas, ahí esperamos cuando hay más paisanos. Hoy no vino nadie o no han llegado, así será más rápido pa volver a la aldea, pa´ que no me agarre la noche por ahí. Y es que bajando es más rápido y el deseo de volver, acorta el camino y pone los pies ligeros.

    Hace tiempo no lo aguaitaba por acá, dijo don Celedon. hace tiempo que no sé de su merced. Sidesde aquel día que l muchacho se lo cargó el viento pero no se lo llevó.  Jaaa. se lo cargaron los Checes paisita. Que trajín pasaron paisita, según dijeron. Pero cuénteme, venga pa que hablemos, que yo sólo sé de oídas, porque me contaron los que van y vienen.

    Si... son cosas que le pasan a uno.que, no sabemos por qué. Dije Y si... fue un día de apuros, buscando al muchacho... de no saber qué hacer o pensar. Pero a lo que vine, aquí están las aguas, pa´ que las vea, y mientras ahí le digo.

    Ya las veo que pa´ eso estamos, es temprano y de buen tiempo, así conversamos, no siempre nos encontramos con gente de buen hablar, preguntones como usted o yo, para escucharnos las penas, los trajines del diario vivir, lo que nos pasa y que si no lo hablamos pareciera que nunca fue o pasó.

    Están muy amarillas las aguas, pero no se ve que esté mal, con dos recetas se pondrá buena otra vez. Con remedios y alimentos se compone. Pero cuénteme, cuénteme lo que pasó con su muchacho.

    Bueno.., bueno si así le parece pues será, escúcheme nomas. Fue por aquel tiempo de la siembra, por la mañana, yo estaba barbechando, salí temprano. Todos quedaron durmiendo cuando me fui. Me dijeron que fue después del desayuno de ellos, porque yo como temprano, casi cuando el gallo hace sus segundos cantidos del día, antes que el sol empezara a aclarar los montes y zaguanes.

    En la casa, la puerta quedó entreabierta, balanceándose con la brisa del filo y el muchacho salió jugando, corriendo, con una vara en la mano golpeando la tierra, rastrillándola por los patios entierrados de la casa.    Eso me dijeron, que lo escucharon correr de un lado a otro, lo oían desde adentro, y al rato no lo sintieron más, sólo se escuchaba el viento silbar entre los tejados y el cacareo de los pollos desenterrando lombrices en el huerto.

    Busquen a José que no lo siento, llámenlo que entre, que deje de hurgar con esa rama la tierra y que se lave la cara curtida de tierra y cenizas, vaya Rosario, vaya.

    Y la muchacha fue, lo llamó, lo buscó, recorrió el corredor y los alrededores con su mirada, pero nada, no estaba.

    Aquí no está, no lo veo mamá, seguro que se fue p´arriba, escapa`o pa`que no lo manden.

    Y así comenzó todo, el muchacho no aparecía. Y cuando bajó Hernán, si el hijo de compadre Chano, le pidieron que fuera a casa de Vitoriano, su abuelo, pues se suele ir pa´ allá. 

    Allá debe estar pensaron. Pero no fue así mijito. Él no subió esa mañana.

    Y así la angustia les vino al pecho, lo buscaron por los alrededores, por las orillas del camino, en las casas cercanas. Hasta la aldea de San Pedro subieron a preguntar. Por los barbechos, por los filos del camino y despeñaderos se acercaron a ver si se había caído o rodado, pero nada.

    Yo supe más tarde, Hernán fue a avisarme. Recuerdo que estaba sembrando cuando vi venir a Hernán, venía como azorado, haciéndome señas con las manos y gritando, no le podía entender hasta que estuvo más cerca, cuando sus jadeos por la carrera dejaban entender lo que decía.

    Que Visita se perdió, que vaya, que no lo encuentran, que corra pa´la casa pa´ver que hacer.

    Y ahí fue que salí corriendo del barbecho. A mitad de éste quedaron las semillas, los aperos de trabajo, sólo corrimos pa´la casa. Era lejos de donde estaba. El susto nos hizo llegar más rápido. Y seguimos buscando al muchacho,...toda la mañana estuvimos preguntando por las casas, a los arrieros y a quienes encontrábamos de camino. Unos a pie otras en bestias hasta el ríos, el que llaman río negro, que queda bien lejos, hasta allá fuimos a dar y nada. Sin saber qué hacer estuvimos un rato, pero seguíamos buscando, volviendo a los lugares a registrar. Nos mirábamos sin decir nada, con la angustia puesta en los ojos y a flor de piel.

    Toda la mañana buscándolo, sin encontrar nada, sin saber nada, con la confianza en Dios todopoderoso y en la virgencita santa para que no nos desampare y que aparezca nomas.

    Mis pies no se cansaban de andar, pero Dios no nos desamparó. Si como agolpe de tres de la tarde, por allá por los desfiladeros de San Onofre. Por donde están las matas de mageys, esas que tienen unas pencas largas y grandes que tiene cubiertos sus filos de espinas encorvadas. En un claro, como en una pequeña era o círculo surcado por estas matas, se oía sonar una rama que golpeaba el piso y un tararear de niño.

    Lo encontró mi ahijado Carmelo, venía de regresó en un caballo rucio, de buen paso que él mismo amansó. Subía del río por donde estuvo buscando por largo tiempo. Llegando al desfiladero, allá donde están los mageys, escuchó el ruido y el balbuceo de aquel canto.

    Se acercó a la peña y ahí lo vio, sobre un montículo, metido en el claro de las matas, sentado golpeando o rayando la tierra con la vara.

    Fue un alivio pa´Carmelo, en ese momento. Así que la búsqueda no fue en vano. Bajó del caballo y se acercó al montículo donde estaban los mageys, para sacar al niño. A como pudo logró llegar al centro de los mageys. Lo tomó entre sus manos y con cuidado y esfuerzo salieron de esas espinosas matas. Lo subió al anca del caballo y lo revisó a ver si estaba aporreado o rasguñado, pero el niño estaba bien, no tenía nada, estaba cantando y con su rama en la mano, que seguía agitando, como regando agua bendita como hacen los curas por semana santa.

    A lo lejos lo vimos venir, venía galopando. Abrazando al niño con una mano y con la otra batía el sombrero y apretaba las riendas del caballo. Lo escuchamos decir apareció Visita apareció

    Fue un respiro ese momento, todos nos alegramos, lloramos, nos reíamos. No sabíamos qué pasó, cómo se fue tan lejos de la casa, y menos aun cómo llegó hasta esas matas sin lastimarse, sin que le pasara nada. Dios y la virgen lo protegieron. Y así fue... don Celedon lo que vivimos con José.

    Ya don Celedon había mirado las aguas. Mientras le contaba. Las había levantado varias veces, las batía y las miraba trasluciéndolas de cara al sol mientras oía.

    Luego Dijo. Ella no tiene nada, son sólo males pasajeros, con bebedizos y buen comer mejora. Hágale lo que le mando para que vea que se alivia. Y lo de su hijo, le cuento que es un misterio. O algo que no todos entienden.

    Y dijo don Celedon. Así fue el caso del hombre que se le perdió su hija. Eso hace tiempo. El señor aquel que vivía más allá del pueblo. No sé si ha oído hablar de eso, pero se lo cuento.

    Fue en tiempos de invierno, la niña se perdió. El padre y la gente la buscaron por todas partes, dos días pasaron en esto, sin encontrarla, recorrieron los caminos, los caseríos cercanos... Adónde no fueron para encontrarla pero nada. A los dos días el padre sin saber qué hacer, sin esperanza, camino hasta el otro lado del pueblo, subió hasta la casa del curioso, allá donde nuestro taitas iban a recetarse Y le consultó si él le podía decir algo u orientar dónde más buscar.

    El curioso, escuchó al hombre atentamente y después de pensar, de hacer silencio, de meditar por un rato le dijo.

    A su hija se la llevó la laguna. Los espíritus. La laguna la mato, si ustedes no la hubieran buscado tanto, estaría viva. A ella se la llevaron los Checes, iba a ser una gran curandera, una gran médica. Pero como ustedes la buscaron, la laguna la mato. Vaya, camine hasta después que pase su casa. Por el camino que va hacia el páramo, vaya hasta la laguna de las lajas, que su hija está en la orilla.

Cuentan que el hombre desconsolado bajó caminado, cruzo el pueblo, subió hasta el páramo y llegando a orillas de la laguna encontró el cuerpode su niña.

Esto pasó. A ella se la llevaron los espíritus para formarla, pero  no pudo regresar.

    Así es paisano, esas cosas pasan, dijo don Celedon.Tal vez su hijo iba a ser un gran medio, no se sabe. Pero mejor que a pareció, que está con ustedes, que está bien, que Dios lo protegió

    Y aquí está su encargo, hágale la receta pa´ que vea como se cura. Y váyase antes de que la tarde avance y no pueda seguir hasta la aldea.

Al salir me entregó unas ramas y unos frascos de jarabe. En un pedazo de papel arrugado y color tierra, de esos de las bolsas que traen la harina, me escribió algo.... Léalo pa´que sepa que va`hacer...Me dijo.

     

    Cuando llegue veo, le dije, y ceñí mis alpargatas al sinto y eche a andar camino de la casa. Y me fui pensando en lo que dijo...Se lo cargo el viento pero no se lo llevó. Y así mis pasos ligeros se confundieron entre el viento y el camino entierrado y solar. Y mis pasos regresaron sobre él cargados de historias y recuerdos.

 

 

Entre la realidad y la ficción. De lo mágico maravilloso de la existencia.

Dedicado a mí Hermano a mi Madre, Hermanas ya la memoria de mi Padre: a su espíritu que nos acompaña y protege.

SRP septiembre2021.

Sentarse a escribir la propia historia o escuchar la historia de los viejitos, de nuestros padres o abuelos, es una terapia que toda persona...